PICHIKATA LA NOVIA DEL MODERNISMO

Diseño, estrategia e historia de la Cocaína

Libro de Efraín Ortuño

Entre hermenéutica de la duda e imagen como productora de conocimiento.

Por Fátima Lazarte

“El mayor atractivo turístico de Bolivia no es la diablada… aunque esta bien podría ser su metáfora…” este es el epígrafe con el que comienza el libro de Ortuño. La obra se convierte así en un detonador de metáforas. Nos muestra cómo se activan capitales simbólicos y culturales, en este caso respecto a la hoja de coca y a la cocaína; como se relacionan y cuales lógicas prevalecen en tanto, prácticas y discursos que se tejen sobre su objeto de estudio. Mostrándonos uno de los juegos del poder.

 Estas metáforas como ya decía Ricoeur cuando están en la categoría de metáforas  vivas producen al menos un cuestionamiento de lo establecido y en casos de lectores afortunados y despiertos originan una elaboración conceptual más sofisticada.

El libro, dividido en 3 partes y un Slang aborda la historia de la cocaína, la política y la geopolítica en relación a la coca y cocaína y finalmente toca la cultura de las drogas. Todo este material esta bellamente acompañado de lo que llamaré epígrafes visuales, ilustraciones realizadas por el artista que hacen referencia a la literatura, al cine y al arte tanto occidental como americano y asiático. Pero que también al igual que el epígrafe inicial contiene un saber condensado del capítulo escrito.

Para no realizar acercamientos muy reveladores del libro y dejar la curiosidad en los potenciales lectores me limitaré a comentar algunas de las ilustraciones del texto que nos llevan de la mano a comprender un discurso, político, ético y estético formulado por el autor.

Introduciéndonos a la lectura tenemos una primera ilustración de un grupo de mujeres desnudas parecen realizando un ritual y están en una especie de caverna, estas mujeres nos hacen pensar en lo femenino que se dibuja sobre la hoja de coca  y también el sentido de lo sagrado que se cierne sobre ella, también nos hacen pensar en la pintura simbolista especialmente en Ferdinand Hodler; en el simbolismo pictórico y literario se esconden secretos que deja el creador  y  que el iniciado puede alcanzar.

En la página siguiente encontramos una especie de diabla en una botella que corrobora el aspecto femenino otorgado a la cocaína en su parte provocadora como encarnación del mal que coincide con toda la estigmatización histórica que cae sobre la hoja de coca y también nos acerca al cuestionamiento sobre el deseo. Esta imagen nos hace pensar en el cuento “El diablo en la botella”, de Robert Louis Stevenson que también es citado por el autor en el capítulo llamado “El alcaloide del intelectualoide”. Lo femenino insiste en ser representado apareciendo en una sugerente figura que nos recuerda al Surealismo y especialmente a Dali apuntando a un cuerpo que se resquebraja y el surgimiento de la fuerza de la vida, donde lo onírico es asociado a lo fallido del poder.

Cuidadosamente encadenada, sigue la ilustración que se encuentra al iniciar la primera parte “Pichikata”, muestra un simio que a través de una lupa ve unas hojas de coca, en la lupa también está el reflejo distorsionado de su ser, que nos recuerda a la novela de terror: “El extraño caso del Dr. Jekill y Mr Hyde”, del mismo Stevenson, que aborda una personalidad maniaca producida por un químico extraído en un laboratorio. Este detalle sutil nos lleva a pensar en una distorsión de la realidad. Pero la imagen aun va más allá, nuestro autor se convierte y nos convierte con él en el famoso investigador de Poe: Dupin, personaje que dio paso a la literatura policiaca y el cual pone a prueba todas sus habilidades en la resolución de ciertos casos enigmáticos.

Otra temática del imaginario visual del libro son los superhéroes o villanos que como sabemos presentan en la mayoría de las veces una gran ambigüedad. También complejizando esta veta surge el guiño al afiche de la película “El ataque de la mujer de 50 pies de altura” dirigida por Nathan H. Juran, que es también un reflejo de la construcción del monstruo moderno. Se presentan así mismo las imaginaciones del cine norteamericano sobre los seres sobrenaturales como los vampiros y otros monstruos mitad hombres mitad animales que dan cuenta de lo excesivo o de ciertas diferencias o diversidades.

Cerrando el circulo surge la medusa, monstruo femenino por excelencia, que hemos visto representada por los maestros del barroco Bernini, Caravaggio y Rubens, pero también imaginada hermosamente por Botticelli. Al mismo tiempo, podemos acercarnos a un imaginario poblado por el grotesco flamenco presente en el homenaje al grabado de Martin Schongauer, que muestra a un San Antonio/ Freud atormentado por las tentaciones que se representan en diversas figuras demoniacas.

Mas adelante tenemos un acercamiento figurativo a una publicidad muy famosa sobre una bebida realizada con la hoja de coca, la litografía de Vino de los Incas de Mucha, en esta obra se polemiza que la coca es solo para algunos elegidos, tesis que de alguna manera acompaña las reflexiones de Ortuño. Como contrapeso conviven junto al trabajo del grabador Théodore de Bry, que muestra una fascinación al dibujar los personajes que habitaban el llamado Nuevo Mundo.  Además, se observan mapas fascinantes  con influencia del arte asiático  combinadas con un imaginario andino y amazónico de monolitos y deidades.

Muy acertados son los diseños que con un toque de ironía ilustran a los personajes de la historia boliviana y americana en situaciones disímiles recordando donde se une la interpretación artística con la crítica social. Una figura clave que aparece dos veces en el texto el Che Guevara acunado o transformándose en una montaña, surgiendo debajo toda la esquizofrenia del discurso social que rodeó a este personaje por fin aparece provocativamente expurgado contemplando desde el lugar de la montaña.

Todo este despliegue de un imaginario visual acompaña el recorrido del libro señalando la interpretación gráfica para responder a las siguientes preguntas: ¿Cuál es la historia de la cocaína? ¿Cuál es su construcción social y cultural? ¿Qué lugar y función ocupa en la geopolítica? ¿Hacia dónde deben dirigirse las políticas respecto a la hoja de coca? Estas interrogantes son a las que el libro de Ortuño detallada y sagazmente responde.

Finalmente creo que en el texto hay una reflexione que realiza el texto que me gustaría destacar, el abordaje sobre el problema del sujeto hegemónico y la imposición de una homologación social, como un valor meta cultural ante esto y como principal solución se plantea una resistencia mediante los valores culturales que apuntan no solo a una diversidad sino a una comprensión y posición diferente en el mundo. La hoja de coca como metáfora y portadora de un valor simbólico, cultural y metafísico.

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