Reynaldo J. González
Investigador en artes y artista
El presente texto propone que la obra del autor boliviano puede leerse en los códigos de los tópicos de la literatura fantástica o de la ciencia ficción independientemente a la creencia en la veracidad de sus relatos.

El pasado 4 de noviembre del 2025, falleció en La Paz el investigador y escritor Antonio Portugal Alvizuri (Chulumani, 1961), una de las figuras más preminentes del campo de los estudios de fenómenos sobrenaturales, quien desde hace unas décadas lograse alcanzar notoriedad a nivel internacional por la difusión de sus siete libros, casi todos traducidos a varios idiomas.
Portugal fue, en efecto, el representante local de mayor trascendencia de una corriente de estudios pseudocientíficos popularizados en las últimas décadas en el crecimiento de un complejo sistema cultural vinculado a los medios masivos y las nuevas tecnologías. Su condición de residente de la zona occidental del país le permitió presentarse como el “experto” de las culturas andinas, antiguas y contemporáneas, llevándolo a interactuar con figuras como el mexicano Jaime Maussan y el norteamericano Giorgio Tsoukalos.

El campo de trabajo de Portugal es, sin lugar a dudas, uno de los más controversiales por el carácter acientífico de casi todas sus teorías, su relación con nuevas corrientes religiosas de débiles fundamentación y, en muchos casos, por su abierta propagación con fines económicos. Esto no ha impedido, sin embargo, su franco crecimiento evidenciado en los cada vez mayores porcentajes de personas en todo el mundo que, según sucesivos estudios científicos, creen en la existencia de seres no terrenos y de fenómenos inexplicables.
Evidentemente un trabajo de este tipo no busca debatir o juzgar la veracidad de lo que se entiende por sobrenatural, pero sí destacar el legado de Portugal como escritor a partir de un análisis de su narrativa, considerable en su volumen y su difusión.

Tópicos y modos de una obra
Como se mencionó anteriormente, el legado de Portugal está compuesto por siete libros breves: “La chinkana del Lago Titicaca” (1985), “Ciudades secretas en los Andes” (1992), “En contacto con los Maestros Mayores” (1995), “Del Tíbet a los Andes” (1997), “Pakari el gigante andino” (1999), “Los misterios del volcán Tunupa” (2001) y “El continente Mu y los Uru chipayas” (2018). En todos ellos, el escritor relata en primera persona experiencias propias de relacionamiento con distintos fenómenos sobrenaturales sucedidas desde su juventud hasta su vejez, conformando el conjunto un sistema relativamente coherente construido a través de varios años.

En casi todas sus obras son comunes los siguientes elementos narrativos casi siempre dispuestos en el mismo orden: a) Llamado inexplicable (en sueños) al narrador a visitar cierta región rural. b) Interrelación del narrador con campesinos aymaras o quechuas que esperaban su visita y que lo conducen a la entrada de algún lugar desconocido. c) Visita física o espiritual a un espacio sobrenatural (una ciudad subterránea o una nave especial) y su descripción. d) Explicación de los orígenes y la naturaleza de ese lugar a través de los diálogos con sus habitantes o sus guías. e) Retorno a la realidad humana, seguido por más explicaciones sobre el viaje realizado por parte de seres no-terrenos o, en algún caso, por la realización de una aventura complementaria menor. En todos los casos, el narrador es un elegido por entidades no-terrenas (seres de luz) para conocer una realidad diferente a la suya e informar de su existencia a los seres humanos. Esta misión se complejiza en los libros tardíos en los que el narrador pasa gradualmente a ser el difusor de un mensaje de precaución y consuelo para la humanidad.

Sobre esta estructura narrativa común, el autor construye sin afanes de erudición o pretensiones de originalidad, una mitología andina sobrenatural muy parecida al conjunto de las mitologías sobrenaturales contemporáneas de diversas regiones del mundo, con seres extraterrestres, dimensiones paralelas, civilizaciones perdidas, conflictos entre seres benévolos y malignos, etc. En su propia mitología el autor nunca da demasiadas explicaciones, sabiendo acaso que su público ya se encuentra un tanto munido de todas las teorías que en el mismo sentido difunde la cultura popular.
En casi todos sus relatos Portugal presenta un conocimiento elevado de las culturas andinas, evocando frecuentemente a sus personajes (apus, achachilas, mallkus, yatiris, etc.) y describiendo sus rituales y prácticas características, aspectos que combina hábilmente con la presentación de datos arqueológicos de carácter científico y con un conocimiento de primera mano de puntos específicos de la geografía andina. La combinación estos elementos con los fantásticos tienen evidentemente la intencionalidad de otorgar cierta verosimilitud a un relato que implícitamente se sabe inscrito en la fantasía o en la ciencia ficción.

A su vez, la estructura y los tópicos de la obra de Portugal, coinciden con los arquetipos del viaje iniciático del héroe, cuyos orígenes pueden rastrearse en el nacimiento mismo de la literatura en la antigua Mesopotamia, mismos que posteriormente se establecieron en las mitologías egipcia y griega. Sin entrar en detalle, probablemente la estructura narrativa y los elementos de la obra de Portugal tengan bastantes puntos en común con los viajes de descendimiento a los lugares intraterrenos realizados personajes míticos como el Anubis egipcio, el Orfeo grecorromano o el Enoc judaico, en un esquema modernizado en los inicios del Renacimiento por Dante en la “Divina Comedia”.
A falta de una (imposible) originalidad en estos aspectos, quizás el mérito principal de la obra de Portugal radique en una prosa testimonial sencilla y rauda, y en su notable capacidad de combinar diferentes elementos en sus relatos. El primer aspecto puede verse principalmente en una escritura en primera persona que describe viajes que son expuestos con la liviandad de una anécdota, evitando las explicaciones complejas, las descripciones muy detalladas y toda suerte de teorizaciones. En efecto, casi siempre el autor se limita a describir lo que se experimenta por poco tiempo, asumiendo abiertamente su falta de conocimiento de sentidos y significados ulteriores. El segundo aspecto no es menos meritorio, puesto que la mezcla de elementos de la literatura fantástica, la ciencia ficción y las teorías conspirativas generalmente tiene como resultado un popurrí que, si es tomado muy en serio puede resultar descartable para la inteligencia, pero que si el presentado en un relato carente de altas pretensiones puede resultar bastante entretenido.

Otro elemento valioso de la obra de Portugal es su capacidad para construir un personaje principal sencillo y ameno con quien el lector puede empatizar. Este es, por su puesto, su narrador (él mismo), un ser elegido para una importante misión, pero que a la vez es una persona normal y corriente que tras cada experiencia sobrenatural regresa a su cotidiano vivir. Este personaje no es un científico, un investigador o un iniciado de elevadas ínfulas, sino un simple viajante que describe paisajes y testimonia sus encuentros con otros personajes en un lenguaje ordinario, unas veces de forma un poco errática, otras veces deteniéndose demasiado en la anécdota.
No tuve el placer de conocer personalmente a Portugal – algo que hubiese querido sinceramente – pero luego de haber leído sus principales escritos y de haber podido ver y escuchar algunas de sus conferencias y sus entrevistas disponibles en Internet, pienso que muchas de las características de su obra (sencillez, paciencia, humildad) podrían encontrarse también en su carácter. El deseo de este trabajo es que su literatura pueda ser leída por lectores desprendidos de prejuicios y de un sentido de solemnidad intelectualista que muchas veces impiden disfrutar las cosas por lo que son.

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