Herminio Pedraza: estudio crítico

Dr. Harold Suárez Llápiz

Crítico e investigador de arte boliviano 

Administrador de la página Arte Y Cultura Boliviana

Herminio Pedraza (1935-2006) es uno de los referentes fundamentales en la pintura boliviana del siglo XX. En los inicios de su carrera llegó a ser uno de los destacados alumnos del multifacético profesor húngaro Jorge Rózsa Obermayer, una suerte de Juan Rimsa en Santa Cruz, al ser el mentor de una generación de grandes talentos en nuestra región.

La comparación surge porque la llegada de Rózsa a Santa cruz supuso una apertura clave hacia el arte universal para los jóvenes y prometedores Herminio Pedraza, Marcelo Callaú, Tito Kuramotto, Carmen Villazón y Hebert Román entre otros artistas, quienes vieron en él, además de un generoso profesor, a un gran pedagogo y amigo con el deseo de transmitir sus conocimientos a éste brillante grupo de artistas cruceños.

La importancia de la obra de Herminio Pedraza radica en que es un verdadero precursor del arte moderno, que no se limita a imitar ingenuamente a la naturaleza, sino que sobresale por captar sus raíces más íntimas mediante la intensidad de las emociones y su expresión inmediata. Nos demuestra la importancia que puede adquirir el color, al utilizarlo magistralmente no sólo para crear luz y movimiento sino también para poder definir una forma, establecida en una paleta de colores predominantemente cálidos.

Herminio Pedraza tenía predilección por el uso de los formatos grandes para materializar sus creaciones. Solía también aprovechar las texturas que le proporcionaban los lienzos de lonas gruesas como soporte para trabajar su obra. (Siendo la lona la tela más indicada para piezas de grandes dimensiones). Por otro lado, son apropiadas para aplicar las ya mencionadas texturas, puesto que soportan varias capas de pintura.  Además, es interesante el hecho de que en casi toda su carrera utilizó preferentemente la técnica del óleo.

Si bien tiene como principales referentes del arte universal a Henry Matisse y a Paúl Gauguin, a la vez, recupera la densa iconografía costumbrista de nuestra región, universalizando, sin folclorismos de por medio todas las tradiciones, mitos y leyendas de Santa Cruz a través de una obra de extraordinario tratamiento cromático que denota una notable sensibilidad plástica.

Situaremos eclécticamente la obra artística de Pedraza diciendo que evoluciona constantemente desde sus inicios, transitando por diversas corrientes estéticas, como ser impresionismo, surrealismo, expresionismo abstracto, y finalmente el fauvismo, haciéndose de una figuración de tendencia expresionista que finalmente adopta durante casi toda su carrera. Una mirada retrospectiva a la obra en conjunto aclara esa pluralidad de afinidades.

En resumidas cuentas, me permito afirmar categóricamente que Herminio Pedraza es el artista fauve del oriente boliviano. Incluso en ciertas piezas hasta se acerca al paroxismo cromático del artista oriundo de Le Cateu-Cambrésis. El breve movimiento fauvista que se inicia en París a principios del siglo XX, y que tenía como principal referente a su iniciador, el ya mencionado Matisse, se inspiraría en aquella frase que  años antes pronunciara Vincent Van Gogh al referirse a su propia obra:  “En lugar de intentar plasmar lo que veo ante mis ojos, utilizo el color  de una forma totalmente arbitraria para expresarme con más fuerza”. Las palabras del holandés convencieron a los fauvistas en que el color era sinónimo de energía emocional. Al parecer Pedraza siendo un artista oriundo de estas tierras tropicales del oriente boliviano llenas de calor, belleza, alegría y vida, en algún momento habrá tenido un pensamiento similar al de su colega europeo.

En la obra del cruceño encontramos escenas que aún perduran en la memoria colectiva del habitante de su tierra: mujeres desnudas que se tiñen de colores inverosímiles y que lucen rasgos idealizados, dotándolas de una rara belleza exótica. Las pinta, casi siempre fusionadas con la naturaleza, lavando ropa en algún curichi, con el tradicional jabón de lejía, rodeadas de tiernos niños de rostros angelicales que se bañan también desnudos mientras juegan con una rudimentaria tutuma. En ciertas pinturas los carretones cargados de víveres, incluso parecen moverse en sus lienzos jalados por una o dos yuntas de bueyes, que casi siempre van en dirección opuesta al espectador y nos regalan a su paso un osado escorzo.

En otra tela se pasea una simpática “cunumi” provinciana cargando grandes tinajas que contienen refrescante chicha y somó en abundancia, o una vendedora de horneados que ofrece gentilmente sus productos ataviada con un tipoi, mientras se revela agraciada con bellos rasgos Chiquitanos, Guarayos o ayoreos. La muchacha descrita tal vez sea demasiado atractiva para ser una común vendedora ambulante, pero no para Pedraza. Para él, ellas son sus consentidas, sus eternas musas criollas, su principal fuente de inspiración.

No falta el Camba conquistador tocando una serenata a su amada, que se asoma tímidamente por la ventana de una casa de adobe con fantásticos muros transparentes que nos permiten ver el paisaje exterior, Serenata Camba (1982).

El maestro cruceño también hace revivir en sus  telas los juegos populares, como La sortija (1995), o leyendas como El  Jichi ( 1992), o El carretón de la otra vida (1988) y otras escenas  propias de la cotidianidad del oriente, al retratar a una adolescente sentada que se muestra distraída y al mismo tiempo imperturbable  mientras desarrolla su faena: machucando Cusi (1995).O bien a una  anciana sentada en el patio de una casa hilando pacientemente en  compañía de sus nietos, Hilando con los nietos (1992).Todas estas  escenas se desarrollan en el marco de un ambiente utópico y apacible.

En otras obras, (escasas y antiguas, por cierto) nos muestra un ferviente compromiso social, como en el imponente mural realizado al fresco y que titula: Rompiendo cadenas (1985, Comité Pro Santa Cruz), pieza insigne de las luchas cívicas cruceñas y de relevante contenido simbólico. En esta oportunidad Pedraza representa a una Santa Cruz emergente personificada por un personaje tan gigantesco como hercúleo, quien lleva una corona ducal en la cabeza, y que, en actitud resuelta, utiliza su descomunal fuerza para romper las cadenas opresoras.

Es digno de mencionar que Herminio Pedraza fue un verdadero maestro en términos de composición, muy a menudo recurre a interesantes efectos visuales, (sobre todo en los últimos años de su producción pictórica).  También demuestra una constante preocupación por la representación exacta del espacio y del movimiento, además de los bien logrados escorzos, mostrando novedosas perspectivas en sus carretones y figuras  humanas, al ser trasladadas de su forma tridimensional al plano  bidimensional, o al estar en una posición perpendicular a nuestro nivel  visual.

En este mismo periodo explora además los efectos de un arte donde ha reducido la cantidad de colores; dos, tres o cuatro, con tonalidades amortiguadas, sintetizando el color de manera considerable y estableciendo además (gracias a la experiencia de los años), valiosos silencios en los espacios de una composición.

Su particular universo plástico surge definitivamente airoso ante las siempre cuestionadas dificultades anatómicas, a las leyes de la composición o a los rigores de la perspectiva.

Estoy convencido en el hecho de que un cuadro se convierte en una verdadera obra de arte cuando está basado en intensas emociones o se compromete de uno u otro modo con su entorno social. Para el maestro Pedraza el rico colorido de su propuesta es el reflejo de su cálida tierra; en su pintura se fusionan la naturaleza con sus bellas mujeres y su gente alegre, por ello el uso del color es en ocasiones hasta arbitrario, pero al mismo tiempo se luce coherente.

Pedraza utiliza armoniosamente los contrastes cromáticos, abstrayendo magistralmente la naturaleza misma. Todo esto surge porque tiene una clara percepción de ésta y de lo que le rodea en función de sus sentimientos.

Pinceladas de colores puros y encendidos que rompen las superficies, crean una forma y organizan el espacio composicional resaltando ante nuestros ojos a la figura humana, que parece resurgir entre el intenso verdor de la amazonía o fusionarse con la misma. Es que incluso cuando no sustituye al paisaje o permanece relegada a un segundo plano, ella se muestra fundamental en el contexto de la narración, en el contorno oscuro, preciso y de acertado trazo, del que se auxilia para poder dibujar las formas y separar los colores. Estos últimos suelen liberarse respecto al dibujo. Todos estos elementos unidos al uso de lienzos de gran formato, otorgan gran fuerza y monumentalidad a su obra.

Pedraza evoca a la Santa Cruz de antaño que va adaptándose a los cambios propios de una ciudad que tuvo un desarrollo desmesurado en los pasados años.  Su pintura es casi siempre una propuesta equilibrada, establecida dentro de una atmosfera paradisíaca: es pura, tranquila, sin temas inquietantes ni preocupantes, sino más bien rebosantes de serenidad, luminosidad y naturalidad. Todas estas características hacen que se convierta en un verdadero bálsamo mental para el esteta. Manifiesta un sincero interés por los ambientes populares y auténticos, por esas escenas que reflejan tanto la idiosincrasia de una provincia, como también dejan entrever el trabajo honesto que involucra a su gente sencilla, de espíritu generoso y emprendedor.

Si bien el maestro cruceño rememora las escenas de la cotidianidad de su tierra natal, al mismo tiempo las universaliza a través de un sólido planteamiento estético modernista, dejándonos como principal legado una importante obra que va a trascender en el tiempo y que ya es un patrimonio permanente del pueblo cruceño, como también parte de la identidad cultural de todos los bolivianos.

La presente reseña ha sido publicada en los prestigiosos Suplementos Culturales: Brújula del Diario Mayor El Deber, de Santa Cruz (sábado 3 de abril del 2010) , Suplemento Cultural La Ramona del Periódico Opinión de Cochabamba(domingo, 23 de mayo del 2010), en el Suplemento Cultural Fondo Negro del periódico La Prensa, de La Paz, (domingo 10 de abril del 2011), y en el Suplemento Cultural Lecturas del diario Los Tiempos de Cochabamba, (domingo 1ro de agosto del año 2010). También fue publicada en la Revista Internacional de Arte Contemporáneo Otro Arte, entre otros importantes medios de comunicación.

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