Un diálogo entre Bataille y Laban

Encuentros, coincidencias y matices

Georges Bataille en la Caverna de Lascaux, Montignac, Francia 1955

Por Fátima Lazarte

La danza como una expresión humana nos permite realizar reflexiones históricas y teóricas sobre su forma de construcción y planteamiento. Tiene una relación muy estrecha con los registros visuales que quedan como vestigios del paso del hombre y a través de ellos se puede imaginar cómo éste practicaba lo que llamamos desde nuestra perspectiva actual arte.

En este ensayo reflexionaré sobre el origen del arte, su relación con la prehistoria y la danza, entablando un dialogo con dos autores y textos concretos: Georges Bataille y su texto “Lascaux o el nacimiento del arte” y Rudolf Laban en su texto “El dominio del movimiento”. Esbozando la conexión del hombre prehistórico con el hombre contemporáneo no desde el punto positivista o evolutivo sino desde el enfrentamiento al movimiento, al surgimiento de la experiencia artística o creadora y a su conexión con lo absoluto.

Rudolf von Laban explicando su sistema de notación

El origen del arte

            Sabemos que el fenómeno artístico es cobijado por lo cultural, entonces es válido realizar una breve aproximación al momento en que el ser humano pasa del mundo puramente natural al cultural. Desde la antropología, sobre todo se sitúa este paso normalmente en el surgimiento del lenguaje y de la organización familiar. Dicho de otro modo, surge la capacidad de simbolización y la regulación de la sexualidad como ya lo plantea Engels en su texto “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”; Margaret Mead en cambio, situará este punto en la capacidad de cuidado de los semejantes e incluso Levi Strauss lo hará desde el punto de vista de la preparación de los alimentos.

            En el texto Bataille precisa que la conciencia de la muerte y del tiempo serían cruciales en este proceso de humanización para los seres que habitaban este momento, ya que “…se dan cuenta que los objetos resistían al paso del tiempo y que había algo en ellos que no resistía… algo que se les escapaba…” (Bataille, 2003: 41).

Al tener esta revelación sobre la muerte se establece una prohibición sobre la misma, se dan ordenamientos, limitaciones y significados que deben ser regulados para la continuación del sistema una vez que irrumpe la muerte. De este modo se instituyen prácticas que ritualizan lo mortuorio: “Lo que interfiere con el orden de cosas inherentes al trabajo, lo que no puede ser homogéneo al mundo de los objetos estables y distintos, la vida que se desvanece o que surge, debe ser rápidamente separada, puesta aparte, y según las ocasiones, calificada de nefasta, disturbadora o sagrada” (Bataille, 2003:47). Siguiendo esta elaboración la conciencia de la muerte y su irrupción pueden comprenderse desde el acercamiento con lo innombrable y por lo tanto con lo sagrado.

Es preciso señalar que Bataille ubica en este meollo a la experiencia artística, a la potencia creadora, conectándola con la muerte y lo sagrado, ambos del lado de lo incognoscible, de lo que escapa a la palabra.

Acto creador

Hemos señalado ya que el arte está alojado dentro del mundo cultural, pero a la vez está relacionado con la transgresión al mismo porque interroga las prohibiciones establecidas en este sistema.

Bataille con mucha agudeza señala que “… el arte siempre tuvo por objeto la creación de una realidad sensible, modificando el mundo en el sentido de dar respuesta al deseo de prodigar, implícito en la esencia del ser humano” (Bataille, 2003:48), este prodigar en otra traducción aparece en relación a lo portentoso, lo excesivo, lo que está más allá de la satisfacción de la necesidad. Matizando esta idea Laban propone que el hombre se mueve por necesidad, pero que en la creación escénica hay una elaboración de este movimiento para que pueda llegar a un estatuto de arte.

Para Laban el acto o potencia creadora se presenta en relación al mundo invisible, para Bataille en el arte “… comienza la comunicación de los espíritus” (Bataille, 2003:18), por lo cual ambos formulan que existe un misterio que interroga al hombre (prehistórico y contemporáneo); y que en la creación artística se busca una elaboración de este mundo espiritual que pertenece a la esfera de lo absoluto y lo sagrado.

Danza del fuego en Nueva Bretaña

En la prehistoria la danza no está separada de otras formas de expresión artística de modo que el conjunto de movimientos que se ejecuten estarían orientados a realizar el mismo trabajo señalado antes: producir algo que va a tomar contacto con lo que está más allá de lo visible.

Laban en su reflexión sobre el movimiento formula que “… ha sido usado con dos objetivos distintos: la obtención de valores tangibles en toda clase de cometidos y el acercamiento a valores intangibles en las plegarias y al culto religioso” (Laban, 1987 :16) así que el movimiento en sí mismo compartiría ambas vertientes, la satisfacción de la necesidad y la relación con lo sagrado. En correspondencia con lo ya enunciado por Bataille el movimiento que nos interesa es el que se acerca a lo intangible, a la experiencia que no se puede nombrar, de modo que a partir de una cierta elaboración del movimiento podemos conectarnos con lo sublime, mediante el arte dancístico.

Para Laban y Bataille, el acto creador debe reflejar el universo íntimo del hombre, al respecto Laban comenta “…la vida interior del hombre es donde se origina el movimiento y la acción…” (Laban, 1987:5), es en esta mirada interior donde “…se generará el poder de reflexión y acción del hombre…” (Laban, 1987: 18). Es decir que este trabajo interior sumado a la interrogación por el mundo que escapa a lo que conocemos, se producirá el desborde de la necesidad y el hecho artístico-dancístico. 

Pintura rupestre, Tassili, Argelia

Laban apunta al surgimiento del arte dancístico escénico en el que conviven la planificación y organización de acciones de esfuerzo junto a una carga ritual: “El hombre expresa en el escenario su actitud interna de intención por medio de configuraciones de esfuerzo cuidadosamente elegidas y así representa una especie de ritual corporal en la presentación de conflictos que se originan a partir de las diferencias de esas actitudes internas” (Laban, 1987: 31). De modo que la pervivencia de lo ritual continua en esta práctica sumada a la exploración de un mundo interno por un lado y espiritual por el otro.

Laban puntualizará que en las danzas religiosas se representaban los poderes sobrehumanos que tenían directa incidencia en el destino individual y grupal, y que se les “…prestó expresión física a ciertas cualidades que el mismo descubrió en las acciones de esos poderes sobrehumanos. En tales personificaciones de las acciones de esfuerzo, el hombre primitivo aprendió a reconciliar la tendencia que reflejaban los acontecimientos y con su pensamiento expresado en movimientos comenzó a dibujar ese poder que se hallaba detrás de todas las cosas” (Laban, 1987:34). Siguiendo esta línea podemos colegir que la primera elaboración del movimiento se da para simbolizar acciones de esfuerzo surgidas en el mundo invisible, equiparándolos a un dibujo simbólico para poder aprehender lo que se encontraba velado.

Pinturas rupestres en Villa Abecia, Bolivia

El hecho artístico-dancístico daría como resultado un conocimiento expresado en una elaboración de movimientos y acciones de esfuerzo, siendo articulados de alguna manera por lo lúdico. El juego sería la modalidad en que se escogen y organizan las secuencias producidas.

Finalmente, una diferencia entre ambas producciones artísticas -la prehistórica y la actual- tendría que ver con el surgimiento del espectador y del cambio de la mirada sobre lo que lo que llamamos obra.

Laban al respecto de la mirada reflexiona sobre las obras estática y dinámicas. Las estáticas están ahí para ser miradas como un todo por generaciones de generaciones, pero creo que en este dialogo siguiendo a Bataille se puede complejizar la mirada sobre el arte prehistórico, más precisamente sobre Lascaux, ya que éste se constituye como una obra que no puede ser mirada como un todo, sino fragmentariamente, por el hecho de estar en una caverna. Así se revive la experiencia del enigma para quien desee aprehenderla, aunque sea “casi imperecedera” como señala Laban al respecto del arte estático.

Un germen de lo que sería el arte en movimiento, también está presente en esta caverna, pues no es posible su contemplación sin que se revelen sus nexos con la danza y la contemporaneidad.


Pinturas rupestres de Villa Abecia, Bolivi
Pinturas rupestres de Villa Abecia, Bolivia

Bibliografía

Bataille. G. (2003). Lascaux o el nacimiento del arte.  Córdoba: Alción

Laban. R. (1987). El dominio del movimiento. España: Fundamentos

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