Maria Luisa Pacheco. Sajama(1978)

Por una antología de los escritos sobre arte en Bolivia

Reynaldo J. González

Investigador en artes y artista

(Texto publicado en el periódico Opinión dentro del suplemento La Ramona Cultural)

Maria Luisa Pacheco. Sajama(1978)
María Luisa Pacheco. Sajama (1978)

A mediados de la década pasada un comité de 33 intelectuales seleccionó los que en su análisis constituyen los 200 libros más importantes de la bibliografía boliviana para el proyecto editorial estatal en curso Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB). De estos 200 libros solamente 4 corresponden al campo artístico, siendo uno de estos una síntesis muy ajustada del desarrollo artístico en diversas disciplinas desde el periodo prehispánico a la actualidad —“Historia del arte en Bolivia” (2012) de Teresa Gisbert y José de Mesa—, un controvertido y anacrónico ensayo crítico atiborrado de informaciones imprecisas y pasiones personales — “La pintura contemporánea de Bolivia” (1989) de Carlos Salazar Mostajo— y dos trabajos imprescindibles de rigor académico que han trascendido justamente el interés exclusivo de sus respectivos ámbitos: “Iconografía y mitos indígenas en el arte” (1980) de Teresa Gisbert y  “Pintura en Bolivia en el siglo XX” (1989) de Pedro Querejazu. 

La mínima cantidad de trabajos de materia artística, así como su debatible selección por la BBB pueden explicarse por la composición no lo suficiente heterogénea de un comité seleccionador conformado por estudiosos principalmente provenientes de los campos de las humanidades y las ciencias sociales, hecho reflejado en una colección dominada por títulos de las áreas de la literatura, la historia, la sociología y la antropología.  Este desequilibrio de origen no fue totalmente arbitrario, sino que revela el estado de la academia boliviana, así como la propia naturaleza y el contexto del surgimiento de un muy encomiable pero perfectible proyecto como la BBB.

Melchor Pérez Holguín San Lucas s.XVIII

Consecuentemente, la colección bibliográfica más importante de la historia de nuestro país adolece de la omisión de importantes trabajos en materia artística que bien podrían inscribirse entre lo más selecto de nuestra producción intelectual como lo demuestra su permanente vigencia y su trascendencia internacional. Entre éstos se encuentran clásicos urgidos de reediciones (y revisiones) como “Holguín y la pintura virreinal en Bolivia” (1956, 1972), “Historia de la pintura cuzqueña” (1962) y “Arquitectura Andina. Historia y análisis” (1985, 1997) de José de Mesa y Teresa Gisbert y “Arte textil y mundo andino” (1987) de Teresa Gisbert, Silvia Arze y Martha Cajías, entre muchos otros.

De la misma manera, el comité seleccionador de la BBB omitió la revisión de trabajos que quizás por su reducida extensión o por sus temáticas diversas pudieron haber sido incluidos en una antología de estudios y escritos sobre arte boliviano, una tarea sí encarada en otros campos como el cuento, la literatura infantil, la biografía, la arqueología, etc..  Estos materiales de temática artística se desarrollan en las áreas de la investigación histórica, la crítica y la reflexión académica que ciertamente han resultado muy importantes e influyentes para el pensamiento boliviano en su conjunto.

Entre los trabajos imprescindibles se pueden mencionar hitos como la monografía “Motivos coloniales y disquisiciones del arte colonial” (1926) del arquitecto y urbanista Emilio Villanueva, el primer estudio en señalar el valor y la singularidad de los monumentos virreinales erigidos en territorio boliviano,   algunos de los textos conformantes del libro “Arte Contemporáneo” (1952) de Rigoberto Villarroel Claure, el primer libro de crítica  y valoración artística publicado en Bolivia que resultase muy influyente sobre los trabajos posteriores y numerosos estudios sobre el arte virreinal y republicano del historiador Mario Chacón.   Otros trabajos importantes son los ensayos “Eternidad de los andes” (1980) sobre la escultórica de Marina Núñez del Prado y “Luz petrificada” (1980) sobre la pintura de María Luisa Pacheco, ambos del filósofo Guillermo Francovich, determinantes para la lectura de la producción artística local en el marco de la reflexión sobre la identidad nacional.

Arturo Borda. El filicidio (1918)

Entre los trabajos más cercanos en el tiempo resultan imprescindibles las aproximaciones a la plástica boliviana ensayadas por Javier Sanjinés  en los ensayos “El espejismo del mestizaje” (2005) y “Cholos vicerales…” (1995), análisis ejemplares en cuanto a la proposición de reflexiones sobre la relación del arte y los conflictivos imaginarios sociales de nuestro país.  Otros textos de importancia primordial en esta línea que quizás han pasado un tanto desapercibidos al interior del medio artístico son “El espejo indígena” (1997) de Josefa Salmón y “Espejos y máscaras de la identidad” (2004) de Beatriz Rossells, ambos avocados al estudio de una época constitutiva como la del Indigenismo del periodo 1930-1950.  Las últimas décadas han visto la publicación de papers académicos de especialistas en arte de formación en universidades del extranjero como Valería Paz y Lucía Querejazu que auguran un tránsito de nuestra época dominada por el empirismo y la constante reapropiación y tergiversación de la obra de los autores “clásicos” (Villarroel, Mesa-Gisbert, Querejazu) a una producción intelectual en materia artística que gane en rigor investigativo y analítico como en originalidad.

Puede sumarse a estos los trabajos ensayados desde los estudios en literatura como los realizados sobre Ricardo Pérez Alcalá por Blanca Wiethüchter y sobre Arturo Borda por Claudia Pardo.  Trabajos de investigación histórica sobre diversos temas o artistas específicos fueron encarados por autores como Michela Pentimalli, María Isabel Álvarez Plata, Cecilia Salazar y otros. Un capítulo aparte lo constituirían los escritos sobre artistas bolivianos por autores extranjeros como Jacqueline Barnitz, Alice Szmukler, Leopoldo Castedo, Félix Ángel, Rafael Squirru y Marta Traba, entre otros.

Un área de revisión pendiente es la de la crítica de arte en Bolivia publicada en periódicos y revistas. Solamente Pedro Querejazu ha reunido sus críticas publicadas desde la década de 1970 hasta 2013 en su libro “Arte contemporáneo en Bolivia”(2013), pero en las páginas de suplementos culturales como “Presencia Literaria” o “Semana de Última Hora”, entre muchos otros más antiguos y recientes, pueden encontrarse valiosos textos sobre arte y artistas de críticos, periodistas e intelectuales como Armando Soriano Badani, Marío Ríos Gastelú, Pedro Shimose, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Nicolás Fernández Naranjo, Rubén Vargas, Ricardo Bajo, por citar sólo a algunos.  

Otros materiales que merecen ser recopilados y reunidos son los múltiples testimonios que diversos artistas han dejado. El ejemplo paradigmático de este tipo es la autobiografía, “Eternidad de los Andes” (1973) de Marina Núñez del Prado, pero quedan muchos otros más como las entrevistas a una docena de artistas mujeres publicadas por Ligia Siles entre 2002 y 2004 o el recientemente publicado diario de Fernando Montes Ruiz. 

En materia de arte contemporáneo también se escribe mucho. A escritos de autores como Roberto Vacárcel y Ramiro Garavito pueden sumarse muchos otros análisis de autores jóvenes que también se encuentran diseminados e inconexos a la espera de una antología sobre el tema.   

Termino corrigiendo la premisa fundamental de este texto: No hace falta una antología de escritos y estudios sobre arte en Bolivia, sino varias.

Javier Sanjinés autor de los ensayos en los ensayos “El espejismo del mestizaje” (2005) y “Cholos vicerales…” (1995)

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Comentarios

3 respuestas a «Por una antología de los escritos sobre arte en Bolivia»

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